C05D05 ¿Cuántas cabezas tenemos?

1. Dos cuentos sobre la mesa

Sin querer queriendo, ya tenemos algunos cuentos (de la actividad anterior); quienes quisieron (que no fueron todas las que habían terminado su historia) nos las leyeron, tanto para recibir las críticas positivas como las negativas (las menos), pero, sobre todo, las constructivas (que por algo estamos aprendiendo). Sigue leyendo

C05D04 Fichas y cuentos

Comenzamos el cuarto día del taller, toca, nuevamente, reciclar material y seguir con los cuentos. ¿Qué material? El de nuestra estimada Vesná (cuento, material), cuento con el que iniciamos la segunda temporada del taller.

1. Consejos genéricos para cualquier historia:

No importa si vas a hacer cuentos o historietas, estos consejos sirven igual para ambos.

  1. Haz fichas de tus personajes: no son fichas cerradas, sino abiertas, deben estar los elementos centrales del personaje y pueden evolucionar con la historia. ¿Para qué? Para no caer en incoherencias (mantener una verosimilitud en el personaje), para que sea un personaje único y no solo un cliché.
  2. Documéntate: todo lo que puedas y más (desde ilustraciones, fotos a libros, todo lo que encuentres). En la ficción hacemos una «suspensión de la incredulidad» pero no todo vale. Además, los documentos nos ayudan a inspirarnos y a crear los personajes, a entender las situaciones en que se ven metidos y los espacios donde se mueven.

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C05D01 Nuevo comienzo

Volvimos. Después de un largo periodo y tras la baja de uno de los monitores-fundadores (con toda la razón del mundo, hay días que me pregunto qué seguimos haciendo aquí) el taller vuelve a funcionar; con muchos miembros nuevos y una orientación algo distinta.La mayoría de los y las participantes son nuevos y nuevas, con lo que repetiremos muchas actividades pasadas (ya llevamos muchos años de taller, a veces toca repetir).

Algunos cambios significativos (al margen de lo ya mencionado):

  • volvemos al taller los lunes (nuevo horario: de 7:15pm a 8:30pm);
  • dejamos de usar Lizaploff como juego conductor de las actividades (usaremos juegos más cortos, Lizaploff pasará a jugarse de manera independiente al taller).

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Identidad perdida

por Alejandro; ilustraciones de Alba Vergaz

Rumores, discrepancias, infundios, algunos contradictorios, alertaban a todos de la falta a clase de Raquel; lo justificaban o explicaban de forma también contradictoria. Y todos coincidían en la realidad constatada: Raquel llevaba tiempo que deambulaba demasiado y evidenciaba un aislamiento que a alguien le llamó la atención; otros habían intentado acompañarla en su tristeza y ella respondía con evasivas: «Nada, nada, son cosas que nos pasan a la gente normal», era la única respuesta, y a todos preocupaba. La situación se agravó a lo largo de aquel dilatado trimestre que a todos nos pareció no tener fin. Raquel se enquistaba en su angustia, se ensimismaba, se alejó del mundo, porque el mundo, su mundo, lo único que tenía, la venía afectando desde tiempo atrás; otro tiempo, que para ella había sido indiferente, cambió, y le resultó todo un agravio cuando en el instituto alguien filtró el apodo con el que era denominada en tiempos de su infancia; ahora entendía la razón del enfado de su madre cuando a ella por ese nombre la reconocía la chiquillería del barrio. «Raquel, vámonos de aquí», era la orden con que retiraba a su hija de aquello que ya resultaba burlón y que la niña no entendía y siempre la enfrentaba a su madre. «Déjame un rato mas…» solicitaba ella en aquellos trances que la apartaban del gozo, del ensueño, de la creatividad…, todo aquello que en pandilla hace feliz a la niñez de cualquier tiempo y en cualquier lugar, pues la niñez es lo que más nos asemeja a todos, a los otros porque constituye una forma de vida en esta etapa del desarrollo que nos humaniza para siempre, y también, cómo no, nos culturaliza, llevándonos a la cultura de nuestros adultos a través de las normas del juego, de los amigos para siempre, de los eternos recuerdos llenos de bondad, amistad y ternura, que la infancia nos regala. Hay quien dice que el juego es tan necesario al niño como el aire y que la pandilla es una apetencia del niño mejor que su manjar preferido «se olvida de respirar cuando juega en la pandilla»: en ésta se pelea, hace, deshace, rehace amistades de forma continuada… Por eso Raquel no entendía aquello… Pero hoy, ahora, ya emancipada, no está, no cabe su madre, que en tiempos atrás asumía estas dedicatorias agresivas rechinando los dientes y no logrando velar su rabia por aquellas palabras de la chiquillería a la que tanto Raquel apreciaba a pesar de todo. Era superior a sus fuerzas, y ahora le suponía afrontar este regalo tan amargo que le ofuscaba, y siempre en el más estricto silencio… Sus amigas, sus compañeros, todos saben el sobrenombre de Raquel, que cada vez más se hacía oír entre unos y otros, y llegó a constituir la otra naturaleza de la niña, aunque nadie valoró el peligro que tenía este riesgo para ella, para su amiga. El apodo cogía cuerpo y la evocación por algunos había dejado de ser anecdótica y sí incordiante.

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Mirones

por Carla

Hoy he quedado con una buena amiga para dar un paseo. Mientras hablábamos de nimiedades en general, decidimos sentarnos en un banco cerca del centro. Cruzamos la calle y vimos lo mismo de siempre: tres bancos, un señor en cada uno.

Lo echamos a suerte, y ¡voilá!

El del medio.

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Paula y Marcos

por Abir Belaiter

Había una chica llamada Paula que tenía trece años. En su instituto había un chico que se llamaba Marcos y que tenía quince, dos años mayor que ella. A Marcos le gustaba Paula y él a ella, pero ninguno de los dos quería decírselo al otro; Paula era muy tímida y le daba miedo acercarse a los chicos y decir alguna bobada que no les gustase. Por eso, en todos esos años solo le hablaba de sus sentimientos a su diario.

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Tierras oscuras. Claves de sangre [completo]

[Versión completa de la obra publicada en Lee Los Lunes nº 04]

TIERRAS OSCURAS

CLAVES DE SANGRE

“El destino se extendía ante sus ojos, un futuro único e inevitable, las sombras le esperaban.

Una sola palabra y no volvería a ser la misma.”

por Valle

1

El reloj del móvil marcaba las ocho y media de la mañana cuando un golpe violento y el chirrido de las ruedas al chocar contra el suelo indicaron que habían tomado tierra en el aeropuerto de Madrid.

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El cartero

por Tomás Sánchez Asenjo

Hace ya treinta y dos años y cuatro meses que trabajo como repartidor del Servicio postal del Estado. Soy cartero.

Jamás mi conciencia o mis superiores me reprocharon error alguno en el desempeño de mi labor. Así es. Para mí, siempre fue asunto de la máxima importancia entregar a sus destinatarios aquello que otra persona confió a la Institución a la que sirvo.

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El mago de Sílico

por Saic

Se trataba de un caluroso día de verano, en un pueblecito llamado Hitesa, donde vivía un niño de nombre Taca. Taca era de estatura media, pelirrojo, bastante fuerte y con los ojos marrones. Un buen día en Hitesa, el chaval se dirigía al río a lavar la ropa. Solo había andado kilómetro y medio cuando de repente se le apareció un señor vestido de verde. Taca se quedó asombrado al verle. Al paso de un rato, el señor, comenzó a hablar.

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