Diario de un joven

por El Ra

Primero de enero de 1999. Nace un niño moreno de ojos marrón claro.

Su madre quedó desfallecida, su padre no estaba en el momento del parto, ya que se hallaba en otro país. Su madre se llamaba Lilith y su padre, Eduardo.

Después de unas horas, la madre se despertó y se puso a llorar porque su hijo se encontraba en una incubadora y pensaba que no iba a sobrevivir.

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Test-drivers. Una nueva esperanza (3ra parte)

por Ricardo Barral Torres

Nota: La primera y segunda parte de la novela se publicaron en Lee Los Lunes nº 02 y nº 03, así como en la Web del taller; en la página web, además, pueden encontrar la historia completa, ¡no se la pierdan!

Después de tan disputada carrera, se presenta la siguiente clasificación en la general:

  1. Lamborghini Countach (Dino Martinelli) 28 puntos.
  2. Ferrari Testarrossa (Max Turner) 26 puntos.
  3. BMW-M1 (Mark Stevensson) 17 puntos.

  4. Porsche Turbo (Phillip Herbert) 13 puntos.

  5. De Tomaso Pantera (Robert Slater) 12 puntos.
  6. Lotus Esprit Turbo (Colin Williams) 10 puntos.

  7. Masserati Bora (Giuseppe Neri) 6 puntos.
  8. Chevrolet Corvette (Thomas Fergusson) 5 puntos.

Con los ánimos un poco tocados, el equipo se dispone a trazar una estrategia para batir cuanto antes al Porsche de Herbert y acercarse en la clasificación a la cabeza.

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Una carrera accidentada

por Jairo González

En una mañana del mes de agosto, Rasputín se despertó temprano para ir a limpiar el local de su peña. Rasputín era un chico de 15 años que vivía en Villa Topillos. Cuando llegó al local algo le sorprendió:

«Os esperamos a las 12 en el puente del cementerio, id en bicicleta»

Una nota sin firmar; no sabía de quien podría ser. Corriendo, fue a llamar a los componentes de la peña y les contó a todos lo de la nota.

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Cuento sin título

por Pedro Czeslaw Venturo Korytkowski

Eran las cuatro de la mañana, la noche había empezado a gotear de los techos, los ruidos despiertos respiraban agitados derramando cócteles de humedad y embriaguez. La casa parecía inmutable a aquella mezcla de sombras que discurrían por los pasillos, y que solo se detenía para mirar en las habitaciones si eran observadas. Todo allí tenía sentido; las manillas del reloj caminando lentamente eran los ecos de los pasos que esperaban, la solidez y suavidad de las paredes, los rostros inocentes salvándose encima de los sueños, el olor a pasteles recién horneados, el aliento dulce de la anciana que había agotado sus palabras avisándoles del peligro.

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El despertar oscuro

despertar-oscuro-diegopor Diego Martínez

De un momento a otro se abalanzaría sobre mí… Lo veía venir… No podía reaccionar…

Me llamo Carls. No sé cómo ni por qué, pero hace un par de días aparecí solo y frío en medio de este bosque tenebroso. No recuerdo de donde vengo, ni de donde soy, no sé si tengo familia o estoy solo en este lugar. Nada más recobrar el sentido, me di cuenta de que aquel lugar era diferente; nunca había visto nada así -al menos eso creía recordar-, esos árboles eran distintos, parecían paredes que se estrechaban por momentos, pero eso no era nada, aquellos gruñidos, gruñidos de animales o criaturas, no lo sé, no recordaba haberlos oído nunca, eran aterradores; cada vez que los oía me paralizaba al pensar que esa cosa podía estar a mi lado o incluso detrás de mí. Los días pasaban muy despacio, y no encontraba ninguna pista que me hiciera recordar, pude sobrevivir con las pocas frutas que encontraba por el suelo tiradas cerca de aquellos árboles que no me inspiraban mucha confianza, el hambre y la sed no eran un problema comparadas con la noche en aquel lugar, al caer el sol viene la luna acompañada de ese frío intenso que recorría mi cuerpo durante las horas nocturnas y que no me dejaba dormir tranquilo.

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Decepcionada

por Glorika Adrowicz

He estado mirando a un enfermo. De alguna manera, ha sido una traición, quizá hasta cierto punto consentida. Lo he mirado con total apertura, permitiendo que entrara en mí sin restricciones, desde la admiración y la confianza. Le he permitido hacerse copartícipe de mi vida, copensarme en las decisiones vitales así como en las anodinas. Lo he escuchado. Sus palabras enfermas de vacío, sus estructuras engarzadas en una realidad fabulosa que él asumía incierta, ni siquiera existente en su imaginación perdida. Incluso, en ocasiones, me ha tocado, lo he tocado, hemos compartido un espacio físico, lo más sólido de esta relación; ahora comprendo el hedor, antes camuflado por ilusiones ya perdidas.

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