Algunas personas

por Tomás Sánchez Asenjo

Nunca debí haberlo dicho.

Lo tengo observado. Cuarto de hora después de partir el tren, han comenzado a comer. Las monjas siempre actúan así. Son dos. Están sentadas frente a mí, al lado de la ventana del compartimento. Ofrecen una bolsa abierta, con magdalenas, a los siete viajeros restantes. Una bolsa enorme. Seguro que contiene, al menos, dos docenas.

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El cartero

por Tomás Sánchez Asenjo

Hace ya treinta y dos años y cuatro meses que trabajo como repartidor del Servicio postal del Estado. Soy cartero.

Jamás mi conciencia o mis superiores me reprocharon error alguno en el desempeño de mi labor. Así es. Para mí, siempre fue asunto de la máxima importancia entregar a sus destinatarios aquello que otra persona confió a la Institución a la que sirvo.

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Julia R.

por Tomás Sánchez Asenjo

No sé qué hacer.

Conocí a Julia R. una tarde cuando, como de costumbre, trataba de escoger de entre las cajas del Super aquella en la que la operación de pago exigiera menos tiempo, gracias a su exigua clientela.

Me fascinó. Digna, casi altiva, me regaló una sonrisa apenas perceptible tras la invitación a pagar.

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