Sacrificios

jomra_diegopor Metaliante; ilustraciones de Jomra

Voy a empezar mi relato moviendo el peón de rey blanco dos casillas adelante, aquí comienzo todo.

La gente me llama por mi nombre, no os lo voy a discutir, la mayoría Rodri me dice al referirse a mí. Como podéis ver, el ajedrez me gusta, soy fan desde pequeño y ahora mismo mi rival está pensando en el único movimiento que he realizado. De golpe se levanta de la mesa, coge su peón del alfil negro al lado del rey y lo mueve una casilla hacia delante, diciendo:

–¡Ajá! Has despistado tu retaguardia, luego atacaré a tu rey con…

–Jaque –sentencié, cortándole enseguida aquella charla que apenas escuché. Se sentó en silencio mirando mi reina, la del ajedrez, la cual yo había situado justamente dos casillas más adelante del peón de su torre. Estaba sudando y no paraba de repetir ”he perdido la partida, esta guerra la he perdido”. Mientras él decía esto, yo me reía en mi interior; él estaba viendo esta partida como si fuese una guerra, yo le quería hacer ver el ajedrez de otra manera. Después de pensar un rato, me dí cuenta de que me estaba mirando fijamente.

–¿Acaso no vas a defender a tu reina? –me increpó–. Yo jamás pongo en peligro a un soldado tan importante como es la dama, la señora de la guerra merece mejor posición que esa, me ofendes. –Justo entonces, de su boca salieron unas palabras muy significativas–: En el ajedrez se sacrifica a la dama para defender al rey, pero yo sacrifico a cualquier rey para defender a mi reina.

Me pareció impactante y quedé callado por unos momentos, mi rostro estaba algo impaciente por mover la reina y cambiarla de lugar… Pero no. Coloqué mi alfil blanco delante del rey, aunque aún tenía en mente lo que me había dicho antes.

Volviendo a la partida, y como haríamos la mayor parte de jugadores de ajedrez, comió mi reina como alma que lleva el diablo, no dudó, no se imaginaba el fin de la partida, él solo vio que entregaba la dama a un peón y así lo sintió, su cuerpo se abalanzó sobre la mesa, incluso algunas piezas se movieron, agarró mi dama y colocó el peón en su lugar. En ese momento, dejé de escribir la partida para hablar con él; antes de efectuar el jaque mate le comenté una cosa, aún recuerdo las palabras exactas de esa conversación, así empezó todo:

–¿Te acuerdas cuando moviste tu peón de rey y gritaste «¡ajá!»? –le recordé.

–Me acuerdo –asintió algo nervioso.

–Has visto el ajedrez, al menos esta partida, como una guerra ¿verdad? –le pregunté.

–Sí… –susurró como si hubiese hecho algo malo.

–Vale, no te preocupes, no está mal, yo lo veo de otra manera, por ejemplo, imagínatelo… El ajedrez como si fuese la vida misma, en esta partida te centraste en una pieza, para ti la más importante, la más preciada, ¿no? Te diré una cosa, la partida no depende de una sola pieza, igual que la vida no depende de una sola persona. Para mí, en el ajedrez, todas las piezas son importantes, porque hasta el peón más insignificante puede convertirse en la pieza más poderosa, solo tiene que avanzar, pero nunca solo, siempre con sus compañeros, amigos, familia, como quieras llamarlo, un peón solo no hace mucho, está indefenso; ahora, todos en conjunto son imparables. Ahora imagínate un pequeño equipo de rugby o fútbol americano. ¿Qué pasa cuando el que tiene el balón corre? Nunca está solo, siempre tiene compañeros detrás. ¿Y cuando cae al suelo? Ahí está su equipo para ayudarle y que no se le echen encima; eso es lo que hice con la dama, nunca dejo una pieza desprotegida. –Aún recuerdo el rostro de mi oponente cuando terminé de contarle esto, parecía que se le había abierto un nuevo mundo de posibilidades. Desde ese día, este digno rival siguió perdiendo partidas, no os voy a mentir, no se volvió un genio, pero entendió más sobre los movimientos con los que desarrollaba sus partidas.

Finalmente, y para acabar el juego, efectué jaque mate colocando el alfil anteriormente movido en el lugar donde la reina había sido comida.

Epílogo
Porque al finalizar la partida da igual peón o rey, los dos van a la misma caja. Cada movimiento es único. Para mí, la pieza más valiente es el peón, porque siempre mira al frente y, por más que se le echen encima, nunca vuelve su vista atrás.

Tanto en el ajedrez como en la vida, y en la guerra misma, los movimientos los haces tú, recuerda que el tiempo es como un peón: nunca puede volver atrás.

Anexo: Partida: 1 e4 f6 2 Qh5+ g6 3 Be2 gxh5 4 Bxh5#

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2 pensamientos en “Sacrificios

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