Una carrera accidentada

por Jairo González

En una mañana del mes de agosto, Rasputín se despertó temprano para ir a limpiar el local de su peña. Rasputín era un chico de 15 años que vivía en Villa Topillos. Cuando llegó al local algo le sorprendió:

«Os esperamos a las 12 en el puente del cementerio, id en bicicleta»

Una nota sin firmar; no sabía de quien podría ser. Corriendo, fue a llamar a los componentes de la peña y les contó a todos lo de la nota.

Todos intrigados por saber de quien era la nota se dirigieron al puente y, como un reloj, a las 12 estaban con sus bicicletas, y al instante vieron aparecer a los integrantes de la otra peña de jóvenes.

–¿Qué queréis? –dijo Rasputín

–Una carrera; el que gane se queda con el local del que pierda –respondió Rodan.

Tras consultarlo con los miembros de su peña, Rasputín aceptó.

–Aceptamos, pero con una condición: que corran tres personas por cada peña.

–Vale; el primero que de una vuelta completa al pueblo ganará –respondió Rodan.

Fueron a buscar a alguien para que les diera la salida y vigilara que no hubiera trampas. Cuando todo estuvo listo, se pusieron en la línea de salida los tres elegidos de cada peña. Rasputín, Pravalains y Chori correrían por «El Desgaste», y Rodan, Chustillo y Mojito, por «Los Chirriantes».

La salida fue muy reñida y llegaron muy juntos a la primera curva. Chustillo se resbaló y cayó arrastrando tras él a Mojito y Chori. Rodan y Pravalains se disputaban el primer puesto, mientras Rasputín les seguía muy de cerca; llegaron a la última curva emparejados Rodan y Pravalains, tan emparejados que, para no chocar y caerse, se colaron un poco en la curva. Ese momento le aprovechó Rasputín para adelantarles y colocarse primero en carrera. Al llegar a meta, se percató de que no le seguían ni Pravalains ni Rodan. Giró la cabeza y vio a ambos en el suelo. Corriendo se bajó de la bicicleta y fue a socorrerles. Pravalains solo tenía magulladuras; sin embargo, Rodan se había retorcido el tobillo y estaba inconsciente. Entre los dos, lo llevaron a la línea de meta y lo acompañaron en una ambulancia hasta el hospital.

Ya en el hospital, cuando recobró el sentido, les dijo:

–Gracias. De no haber sido por vosotros, no estaría aquí.

–Por un amigo, lo que sea –respondieron Rasputín y Pravalains al unísono.

–Prometedme que nunca habrá más rivalidad entre nuestras peñas.

–Te lo prometemos.

Y así fue; nunca más hubo rivalidad alguna entra sus peñas.

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