C05D05 ¿Cuántas cabezas tenemos?

1. Dos cuentos sobre la mesa

Sin querer queriendo, ya tenemos algunos cuentos (de la actividad anterior); quienes quisieron (que no fueron todas las que habían terminado su historia) nos las leyeron, tanto para recibir las críticas positivas como las negativas (las menos), pero, sobre todo, las constructivas (que por algo estamos aprendiendo).

2. ¿Cuántas cabezas tenemos?:

No sé por qué, el chiste me encanta. Igual que decir que «un cabezón» en realidad tiene «menos cabezas» que un «cabezachica». Toca hablar de la figura humana, de las proporciones y practicar usando como referencia el canon.

El Diccionario de la Lengua Española (nuestro amigo DLE) contiene una definición de canon que nos viene de perlas: «En arte, regla de las proporciones de la figura humana, conforme al tipo ideal aceptado por los escultores egipcios y griegos.» Comencemos por no sacralizar nada: el canon nos sirve como referencia y nos permite practicar ciertas cosas y nada más. De hecho, de las obras (historietas o dibujos animados) que vemos casi ninguna sigue este canon, al menos no a rajatabla.

Para facilitar las cosas, pasamos una ficha que ya está dividida en ocho cabezas (y dos espacios extras para que el dibujo pueda sobrepasar las líneas sin salirse del área de dibujo preestablecido, pueden descargar el PDF en A4 aquí).

Para comprobar, contra el estupor generalizado, que más o menos algunas cosas se cumplen en todos nosotros, nos pusimos constantemente de pie para medir hasta dónde nos llega el brazo, dónde tenemos la cintura (no, hijo, esa es tu cadera, no tu cintura), el codo a qué altura anda, y todo eso que no nos terminamos de dar cuenta.

Fuimos realizando el dibujo básico paso por paso, primero las líneas rectas del interior y luego dando volumen a la persona dibujada. Al final acabamos con dos figuras casi listas para salir a modelar en el mundo de los seres imaginarios.

Insistimos en que es un canon, que está para ver más o menos cómo son las proporciones, pero que no todas las personas responden al mismo (de hecho, casi nadie tal cual, ¡ni siquiera somos simétricos!). Recordamos, de paso, que no todas las edades tienen «ocho cabezas»; el ejemplo del bebé viene bien y nos recuerda lo horrendo que puede ser salirse de algunas consideraciones básicas.

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