Ternura

por Ausgusto Blasborg

Iba de cama en cama alegre y despreocupadamente. No sabía cuándo y cómo había comenzado ese camino, pero recordaba que ya de niño, en su casa superpoblada, debía desplazarse un par de veces cada noche, a medida que sus hermanos mayores regresaban del trabajo, cansados y con necesidad de dormir. Por la mañana, despertaba en el sofá. En aquellas circunstancias, no había nada anormal en tal ajetreo.

Pero a medida que crecía, la casa se despoblaba y heredó una cama para él solo; la angustia le impelía a correr al sofá y tumbarse durante varias horas, para volver a su cama antes de que nadie se despertase y notase su actividad.

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Resultados: comienzos para un final

Durante el capítulo XIII jugamos a completar el cuento, dimos el final de una historia:

«De un momento a otro, se echó a reír. ¿Reírse?, ¿en serio?, ¿en un momento así?»

Y a partir de ella cada uno debía escribir el cuento que correspondiera a dicho final. Sin temática concreta, sin indicaciones sobre la extensión, sin nada más que un tiempo límite para realizar el cuentito. Luego cada quién leyó el suyo en voz alta. A continuación, todos los cuentos escritos:

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El canto de Hermesia

por A. Blasborg; ilustraciones por Katy

Viejo (Katy)Feérica repitió el hechizo, concentrándose en las palabras, tratando de alejarse mentalmente de la clase y de los compañeros, y por tercera vez se convirtió en sapo. No fue ni emocionante ni gracioso, aunque el resto de chavales y chavalas estallaron nuevamente en risas, más que nada para humillarla y de paso molestar al profe. El sapo se puso rojo de vergüenza, lo que alentó el regocijo. No sabía dónde meterse; hasta el más torpe de sus condiscípulos –claro que, con certeza, ahora la más torpe era ella– tenía la capacidad de usar aquel hechizo para transformarse en lo que quisiera, pudiendo, los más habilidosos, hacer que fueran otros los sometidos a metamorfosis; Hadesio ya la había transformado en varias criaturas a los largo de los años. Ella era incapaz de algo distinto al sapo. Y allí estaba, sentada en su hoja, esperando que la magia pasara y volviera a recuperar su estilizada figura de elfa. Con un gesto de resignación, levantó la cabeza hacia la rama inmediatamente superior, la que servía de dormitorios, pero en su trayectoria se percató de que en su mesa de trabajo, un viejo nudo de la rama que constituía la clase, aparecían unos signos dibujados con savia, siendo esta inmediatamente reabsorbida por el árbol. Con gran tensión, producto de la agitación que sentía en su interior y de la calma que pretendía mostrar, esperó a que la savia volviera a fluir al exterior y, al cabo de un instante, allí estaban los tres ideogramas nuevamente:

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Material: «La herencia de Vesná»

nessa

por A. Blasborg; ilustraciones por Jomra

El Año del Mono le trajo a Nessa en el ombligo su decimotercer cumpleaños. A pesar de que a su alrededor el frío de aquel invierno extraño había contagiado los ánimos de su familia y amigos, ella sentía en su interior que algo extraordinario, algo aún más maravilloso que aquella estación que había devorado la mitad de la primavera, iba a suceder. Con un fuerte impulso, se desprendió de las mantas y se levantó de un salto; era la primera de la casa en hacerlo, de modo que le tocaba salir al patio para coger agua del pozo.

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