Guerra entre hermanos

por Diego y Jomra

En una tierra lejana habitaban, en el pequeño reino de Armagedón, unas cuantas personas lideradas por un rey muy noble, llamado Jonás, que era joven y apuesto, con ojos azules como el agua marina y cabello rubio como el oro. En ese pequeño lugar no había maldad, todo el mundo se respetaba, se ayudaba; en la calle principal siempre estaba Beje con sus ovejas, un anciano muy querido por los niños, pues siempre les contaba historias mientras subía al monte con su rebaño.

Pero un día nuestro rey se marchó a una misión más allá del reino. Fueron dos meses los que Jonás se ausentó, solo hizo tiempo ese hizo falta para que nuestra civilización se arruinara; la gente se peleaba, se robaban unos a otros, ya no se podía confiar en nadie, las rutas de comercio se desvanecieron, todos los bandidos saqueaban los cultivos, allí no se podía vivir. Incluso a nuestro querido Beje le ocurrió algo catastrófico. Aunque apenas se atrevía a salir porque tenía miedo, su deber de alimentar a sus ovejas, su única familia durante más de veinte años, era más fuerte que ese miedo. Así que salió, pero los bandidos mataron a todas sus ovejas y dejaron al pobre hombre desfallecido sobre sus cadáveres.

Las noticias llegaron pronto a los pueblos vecinos. Uno de ellos era el pueblo de Tierra Santa. Su líder, Ragnarok, era como un hermano para Jonás, así que mandó un grupo de mercenarios para restablecer la paz en esa ciudad. Sin embargo, el resultado no fue el esperado. Jonás llegó antes de lo previsto de su viaje y se encontró al ejército de Ragnarok combatiendo contra su ciudad. Nuestro rey Jonás estaba confuso pues creía que el pueblo de Tierra Santa había traído el mal a su gente, así que declaró la guerra a su hermano. Tan dolorido estaba, que no escuchaba ya las palabras de su gente, solo quería borrar del mapa a su hermano.

Mientras tanto, en Tierra Santa, Ragnarok no paraba de escribir cartas explicando lo sucedido, enviando mensajeros a caballo para llegar a comunicarse con Jonás pero, de todos los mensajeros que enviaba, no volvía ninguno. Ya harto de la obsesión de Jonás, Ragnarok unió a un ejército de campesinos y mandó marchar a atacar a Armagedón.

Jonás ya tenía el ejército preparado para la batalla y, al ir a luchar con sus quinientos hombres, trescientos a pie y doscientos a caballo, se sorprendió al ver el ejército de Ragnarok. Todos los hombres pararon en frente del otro ejército, incluso Beje, que, dolorido por su pérdida, se había unido al ejército sin saber muy bien lo que hacía. Tras varios segundos de silencio expectante, Ragnarok y Jonás gritaron al unísono:

–¡Atacad!

Y también él se lanzó a la matanza.

***

La sangre empapaba los campos, la muerte cubría toda la vista, los gemidos acallaban todo pensamiento consciente… ¿cómo pudimos llegar a esto?

Horas antes, el paisaje era idílico, el sol brillaba con fuerza, las armas destellaban y los pájaros cantaban. Nuestro buen rey chilló una orden que no entendí, pero todos corrieron hacia delante bramando, jurando, retando.

Durante un interminable tiempo, sentí la guerra en mis venas, no era dueño de mis actos; la lanza, la espada, cortaban y pinchaban sin miramientos; la sangre propia y ajena se iba secando en mis ropas; el dolor era remplazado por odio. Odio a todos: a los enemigos por obligarnos a esta insensata batalla; a los aliados por no saber más que de rencores, envidias y guerras… todo había terminado, o eso creía…

Miré para todos lados. A lo lejos, detecté la presencia de Ragnarok, el líder rival, que remataba a compañeros míos al otro lado del valle. Me levanté con los ojos inyectados en sangre, corrí hacia él. Me miró sin odio, blandió su arma y caí al suelo, herido de muerte; un grito sordo se negó a salir.

El rostro cansado de mi asesino, en la victoria, no dejó de mirarme. De un momento a otro, se echó a reír. ¿Reírse?, ¿en serio?, ¿en un momento así?

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Nota: La primera parte es obra de Diego y la segunda de Jomra. Esta última vino de un ejercicio del taller.

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2 pensamientos en “Guerra entre hermanos

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