El canto de Hermesia

por A. Blasborg; ilustraciones por Katy

Viejo (Katy)Feérica repitió el hechizo, concentrándose en las palabras, tratando de alejarse mentalmente de la clase y de los compañeros, y por tercera vez se convirtió en sapo. No fue ni emocionante ni gracioso, aunque el resto de chavales y chavalas estallaron nuevamente en risas, más que nada para humillarla y de paso molestar al profe. El sapo se puso rojo de vergüenza, lo que alentó el regocijo. No sabía dónde meterse; hasta el más torpe de sus condiscípulos –claro que, con certeza, ahora la más torpe era ella– tenía la capacidad de usar aquel hechizo para transformarse en lo que quisiera, pudiendo, los más habilidosos, hacer que fueran otros los sometidos a metamorfosis; Hadesio ya la había transformado en varias criaturas a los largo de los años. Ella era incapaz de algo distinto al sapo. Y allí estaba, sentada en su hoja, esperando que la magia pasara y volviera a recuperar su estilizada figura de elfa. Con un gesto de resignación, levantó la cabeza hacia la rama inmediatamente superior, la que servía de dormitorios, pero en su trayectoria se percató de que en su mesa de trabajo, un viejo nudo de la rama que constituía la clase, aparecían unos signos dibujados con savia, siendo esta inmediatamente reabsorbida por el árbol. Con gran tensión, producto de la agitación que sentía en su interior y de la calma que pretendía mostrar, esperó a que la savia volviera a fluir al exterior y, al cabo de un instante, allí estaban los tres ideogramas nuevamente:

Sigue leyendo

Noche en el colegio

por Saic

portada NeCHacía un día muy caluroso en un colegio de Pastagui. En la puerta solo estaba Malvi, que era alto, un poco fuerte, rubio con el pelo rizado y muy amigable. Estaba solo sin nadie en el colegio. Las puertas estaban abiertas pero no había nadie. Lo único que había era polvo. A lo lejos, divisó una figura que parecía un señor vestido de electricista. Cuando se acercó, vio que había un robot con una alargadera sujeta al tobillo. Malvi observó que tenía un botón en el pecho que ponía: «Apretar para encender». El joven lo apretó durante dos o tres segundos, pero el motor no arrancaba, lo probó de nuevo con el mismo resultado, hasta que le pegó una patada en la espinilla y arrancó. Cuando el robot arrancó, empezó a gritar: «¡No corras, que te mataré igualmente!». En cuanto Malvi escuchó esas palabras, no se lo pensó y echó a correr. El robot, al ver eso, también echó a correr detrás de él. El chico pensó que lo había despistado, cuando de repente se encontró con un señor más viejo que el robot, que le preguntó que adónde se dirigía tan velozmente. El chaval le contó toda la historia y el señor, llamado Tanes, le comunicó que se uniría a él. Tanes se conocía el colegio entero y le guiaría hasta librarse del robot. Cuando Malvi se dirigía a la puerta, esta se cerró de repente y el joven se quedó paralizado de la impresión. Tanes le comunicó que se tendría que quedar toda la noche en el colegio. Empezó a anochecer y Malvi, aunque casi no conocía el colegio, se marchó a investigar. Se metió en un aula que era muy rara; tenía cables por todas partes, enchufes cada centímetro y muchas piezas mecánicas a la vista. Se abrió la puerta de un armario y el robot que antes le quería matar se deslizó por una rampa. Malvi echó a correr con el robot pegado a sus talones. El joven fue inmediatamente a buscar a Tanes. Cuando le encontró, le comunicó lo sucedido y el anciano rápidamente se dirigió a buscar al robot; le dijo a Malvi que tenía que hacer una cosa para vencerlo:

Sigue leyendo

Flama

por Jomra

Flama Blanco y negroLa tormenta no amainaba. Cuarto día de lluvia sin cesar; el río principal que cruza el pueblo se había desbordado dos días atrás llevándose parte de uno de los barrios bajos. Las cuadrillas trabajaban todo lo que podían moviendo tierra para evitar que algo así ocurriera de nuevo. Simples y meros parches que no pararían a la fuerza de la naturaleza que representaba el agua en movimiento. Aun así, sabiéndolo, seguían intentando parar lo inevitable, tal vez con el sueño fugaz de controlar el propio destino.

Sigue leyendo

Oner Ock y su trabajo

por Chus Rodríguez

Oner es un ser diminuto, de unos veinte centímetros más o menos. Pertenece a una tribu llamada Los Sillos. Vive normalmente en el lomo de su reno Renó. Es muy viejo, tiene más de cien años, aunque los de su especie alcanzan hasta los 217 años de edad. Tiene barba blanca y siempre lleva un bastón en la mano, un cachito del cuerno de Renó que éste se rompió en una pelea.

Sigue leyendo

Elf O’Goso

por Glorika Adrowicz

En toda la extensión de la llanura y en sus primeros cuarenta centímetros de profundidad, las lombrices continuaban con su labor, que por su parte no calificarían de altruista –ni de nada–, mejorando la calidad de aquello que ingerían hasta expulsarlo para cimentar la existencia de diversas culturas, más o menos florecientes, que se integraban como podían en tal ecosistema.

Sigue leyendo

Un día inolvidable

Muñecapor Diego

Estábamos tres amigos tranquilamente jugando al YU-GI-OH. Íbamos empate. Era tarde, sobre las 10. Vino un chico cuyo nombre no quiero nombrar (no es Voldemort) gritando: «¡Jairo!». Jairo miró a Raúl; Raúl me miró a mí; yo miré a Jairo y Jairo miró al chico. Este último nos pidió que le acompañáramos a la parroquia. Estábamos asustados al ver la piel tan pálida como la leche por la que se deslizaban gotas de sudor sobre su mirada perdida.

Sigue leyendo

Halloween: Historia del Ra

Había una vez un niño de 10 años llamado Andy que estaba en un orfanato porque sus padres fueron asesinados por un asesino en serie. Andy encontró una forma de salir del orfanato pero murió pocos días después. Al irse, derramaba sangre porque se había pinchado con el alambre de la pared. Después de haber muerto, resucitó y se convirtió en un demonio llamado Devil Jake y se apoderó del cuerpo de un niño de 10 años llamado Jason. El niño fue asesinando a gente hasta que al final no aguantó más. El niño se acabó suicidando. Ahora vaga por el mundo en busca de uno de nosotros. ¿Quién será el próximo…?

El Ra

Halloween: Cuento de Casandra (8 años)

En un instituto muy lejano que nadie conoce que se llama Monster High donde estudian muchos monstruos y los nombres de alguno/as son: Draculaura, Clowdeen Wolf, Cleo The Nite y Frankiesten eran un grupito de amigos. Sonó el timbre de hora de ir a clase. Cuando terminó la clase, Cleo fue a ver a Gholia y Elps para ayudarle a aprender a enviar mensajes a sus contactos para una fiesta de Halloween en las catacumbas pero antes de hacer la fiesta aprendieron la historia de Halloween se trataba de que antes se llevaban bien los humanos y monstruos. Pero ahora no se llevan bien y entonces Frankiesten convocó una trampa que fue la fiesta y entonces finalmente se encontraron los monstruos y los humanos y se llevan bien desde ese momento. ¡Feliz Halloween! FIN.

Casandra